Alta Velocidad Española: 25 años a la vanguardia de la industria ferroviaria

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Alta Velocidad Española: 25 años a la vanguardia de la industria ferroviaria

El tren de alta velocidad español, AVE, a su llegada a la terminal de la Expo -92, en su viaje inaugural procedente de Madrid. EFE/Julio Muñoz. (EFE)
El tren de alta velocidad español, AVE, a su llegada a la terminal de la Expo -92, en su viaje inaugural procedente de Madrid. EFE/Julio Muñoz. (EFE)

Fue hace 25 años. Un cuarto de siglo. Concretamente, el 21 de abril de 1992. Ese día, la línea de Alta Velocidad Española (AVE) entre Madrid y Sevilla quedaba inaugurada oficialmente bajo la presencia de los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía y coincidiendo con la apertura de la Exposición Universal de la capital andaluza.

Los años fueron trascurriendo y la Alta Velocidad Española continuó su paulatina expansión extendiendo sus raíles a otros grandes núcleos urbanos de nuestro país: Barcelona, Málaga, Córdoba, Valencia, Valladolid… A día de hoy, con más de 3.200 kilómetros, el AVE es la red viaria más grande de Europa y la segunda en el ranking mundial, solo por detrás de China.

A esos tramos ya operativos, hay que añadir la actual ejecución de otros 1.700 kilómetros y unos 3.700 kilómetros más en estudio o proyecto. Y es que el AVE es mucho más que un simple medio de transporte, es una herramienta fundamental para la vertebración del país que, a su vez, supone una considerable mejora de la calidad de vida de los españoles.

El más rápido del planeta

El AVE se ha consolidado como el ferrocarril más veloz del mundo gracias a una media de 222 km/h, superando al “tren bala” de Japón (218 km/h) y el TGV de Francia (216 Km/h). De hecho, Renfe, la matriz operadora, fue la primera compañía de la historia en comprometerse a mantener la puntualidad de sus trenes bajo la promesa de devolver el importe del billete a los pasajeros si el retraso era superior a cinco minutos. La entidad pública ha mantenido su palabra de forma tajante y el AVE se distingue por una puntualidad que roza el 99% de los viajes.

Para alcanzar estos hitos, hasta el momento, el Ministerio de Fomento ha depositado una inversión de 39.500 millones de euros, un presupuesto que sin duda alguna ha convertido al sector ferroviario en unos de los principales activos del sistema económico español.

Desde su puesta en marcha, el tren de alta velocidad ha multiplicado prácticamente por siete su número de kilómetros de alta velocidad en servicio, su recorrido se ha ampliado a 47 ciudades pasando a dar servicio al 67% de la población española, y ha transportado a un total de 141 millones de viajeros. Ahora se entiende porque España es conocida como “el país de la alta velocidad”.

Una revolución industrial

La Alta Velocidad Española comenzó a gestarse a finales de 1988, cuando el Gobierno dio luz verde al denominado “contrato del siglo”: un proyecto a gran escala valorado en 85.383 millones de pesetas, lo que hoy serían unos 513 millones de euros, aproximadamente. Fue convocado por Renfe y su objetivo era modernizar su material rodante mediante la adquisición de 24 trenes de alta velocidad y 75 locomotoras de gran potencia.

El contrato fue finalmente repartido entre la francesa Alstom y la alemana Siemens AG, aunque el acuerdo incluyó una cláusula que obligaba a las promotoras a fabricar en España al menos el 85% del material tecnológico. Una disposición que resultó capital para dar comienzo a una profunda reordenación de la industria ferroviaria española.

El AVE supuso un impulso económico e industrial que culminó en una revolución tecnológica de la que se beneficiaron todas las empresas del sector. Un trabajo que ha derivado en que España cuente no solo con una de las mejores redes de alta velocidad del mundo, sino también una de las más modernas y mejor equipadas merced a los más avanzados adelantos en I+D.

A la vanguardia en tecnología ferroviaria

Por ejemplo, España es pionera en el campo de la señalización de infraestructuras ferroviarias. Nuestro país es el más destacado líder dentro de la implantación del sistema europeo ERTMS (European Traffic Management System), el más moderno del planeta, con unos 2.000 kilómetros equipados.

Nuestra red ferroviaria cuenta además con uno de los trayectos interoperables más largos de Europa, el que discurre entre Barcelona y Málaga. En este tramo, el material rodante, dotado con ERTMS, circula por una infraestructura equipada por cuatro fabricantes distintos.

La gestión de redes es otro de los ámbitos en los que España sobresale gracias a su capacitación técnica y los determinantes adelantos que garantizan la seguridad y eficiencia del AVE. El sistema español de gestión de tráfico ferroviario Da Vinci, propiedad de Adif y desarrollado por la compañía tecnológica Indra, es la herramienta de referencia para el control de la circulación viaria en las líneas españolas de Alta Velocidad, aunque también es adaptable a las redes convencionales. Su tecnología ha sido capaz de integrar en una única aplicación todos los elementos ineludibles de un centro de mando y regulación.

Por otro lado, hay que recordar que el AVE no se circunscribe únicamente a la península, ya que dicha red de alta velocidad cuenta desde 2013 con conexiones a 17 ciudades francesas a través de la línea Madrid-Barcelona-Marsella y las rutas que unen Barcelona con París, Lyon y Toulouse.

España mira al exterior

No es casualidad la gran cantidad de éxitos comerciales que nuestras empresas han cosechado a lo largo de los últimos años. El AVE ha dado alas a las compañías tecnológicas españolas. La joya de la corona es el “tren de los peregrinos”, un megaproyecto ferroviario entre las ciudades de La Meca y Medina, en Arabia Saudí. Está valorado en unos 6.700 millones de euros, el mayor contrato logrado nunca en el exterior, y su desarrollo está a cargo de un consorcio formado por compañías como Renfe, Adif, Ineco, Indra, OHL, Consultrans, Copasa, Imathia, Cobra, Dimetronic, Inabensa y Talgo.

OHL y CAF también lideraron la construcción de la primera línea de alta velocidad de Oriente Medio, un trayecto inaugurado en 2014 que enlaza las ciudades turcas de Ankara y Estambul a una velocidad máxima de 250 km/h y que contó con un presupuesto de 3.961 millones de euros.

Pero estos proyectos son solo la punta de un iceberg que no para de crecer. Ahora, la vista está puesta en las grandes infraestructuras de alta velocidad que el grupo de los BRICS (Brasil, Rusia India, China y Sudáfrica) potenciarán próximamente. Entre ellos, se encuentra el corredor de alta velocidad entre Río de Janeiro y Sao Paulo y el tren veloz Moscú-San Petersburgo.

Pendiente de adjudicación está el AVE de California, una de las infraestructuras más importantes de los Estados Unidos, que cuenta con un presupuesto de 64.000 millones de dólares. Globalvia y Renfe han acudido en condominio a su concurso y gracias a su amplia experiencia esperan convertirse en el operador del primer tren de alta velocidad del gigante norteamericano.